"El Infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio".

Italo Calvino. Las ciudades invisibles.

lunes, 26 de abril de 2010

VEDREBA

Rodada en las montañas del Cáucaso y extrayendo toda la fuerza de sus formas geológicas, de la arquitectura poco habitual que allí se encuentra, deteniéndose en los rostros y costumbres de sus habitantes, Abdulaze realiza un poema visual, basado en la obra del poeta georgiano Vazha Pshavella, nacido en 1981, de cuyos versos extrae literalmente los diálogos del film.

Este tipo de películas, que parecen exclusivas de los países del este, son muy poco conocidas más allá de sus fronteras, debido al aislamiento que sufrieron durante la guerra fría, y sólo se han podido ver tras las glasnot, pero tras la visión de Vedreba, y el recuerdo que guardo de Monanieba, me han entrado unas ganas enormes de seguir buceando en su filmografía y conseguir ver por primera vez películas de Binka Zhelyazkova o de Yuri Ilyenko, por ejemplo.

Para entender completamente esta, profundamente simbólica, película sería necesario conocer las costumbres y rituales de los diferentes grupos que viven en las montañas de Georgia, pero a pesar de este inconveniente, se trata de un gran y poderoso film. Las actuaciones y las imágenes tienen tal fuerza que en ocasiones es gratificante no seguir los subtítulos y atender exclusivamente al sonido y ritmo hipnotizante de las palabras. Doble motivo para ver la película dos veces, a ser posible en la misma sesión.


viernes, 16 de abril de 2010

REQUIEM FOR BILLY THE KID


En 2004, la francesa Anne Feinsilber, tras leer en el New York Times la noticia de que los sheriffs de Fort Sumner y de Lincoln iniciaban una investigación para determinar si verdaderamente Pat Garret mató a Billy the Kid y está enterrado en Fort Sumner, o bien acabó su vida tranquilamente en un poblado de Texas, decidió desplazarse a Nuevo México para realizar su primer documental. Para ello la directora mezcla, de manera bastante lírica, extractos de películas sobre el bandido (El zurdo de Arthur Penn y Pat Garret y Billy the Kid de Sam Peckinpah), fotos de archivo, entrevistas con habitantes de Nuevo México, anacrónicos y, a veces, patéticos cowboys que quieren formar parte de la leyenda, tomas paisajísticas y un diálogo ficticio con Billy the Kid en el que hablan sobre la leyenda creada entorno a su figura, llevando a veces demasiado lejos la abstracción, como la similitud forzada que establece entre el bandido y Rimbaud.

Entre investigación racional y sueño poético, Requiem for Billy the Kid, es una película original, dispar, elegíaca, no siempre convincente, pero con destellos de fineza artística, tras la que se encuentra una idea estimulante.

lunes, 12 de abril de 2010

THE ROAD

En 2006 el americano Cormac McCarthy, ya septuagenario, publica una de las mejores obras de los últimos años, por la que recibe el Pulitzer. El autor de All the pretty horses y No country for old men parece ser una fuente de adaptación para los estudios de cine. Tal vez lo que les interesa de las obras de McCarthy sea su simplicidad argumental dentro de la gran calidad literaria que, evidentemente, posee.

The road destaca por su economía de medios, la descripción como figura estilística, su universo despojado, sus vastos decorados, su ritmo lento y sus diálogos más interrogativos que llenos de respuestas. Palabras simples para transmitir lo esencial en unos paisajes americanos descritos sumariamente. En cada secuencia la película suscita numerosos interrogantes e interpretaciones que dan lugar a que nos preguntemos sobre nuestra vocación de hombres y sobre el sentido que se da a los otros, a las cosas y a la naturaleza, por tanto una reflexión sobre la condición humana.

The road , no sólo una road movie a pie, sino también una historia de aprendizaje, un cuento moral, describe la lucha por la supervivencia de un padre y su hijo, la lucha contra el desastre o, al menos, el intento por no formar parte de él, el esfuerzo por no ser ni víctimas ni verdugos , en un mundo sin esperanza, donde el suicidio es propuesto como alternativa al canibalismo, dos viejos tabú frente a frente. Dos seres negándose a ser contaminados por el embrutecimiento moral.

Uno de los mayores logros de la película es su capacidad para plasmar los paisajes, de sucia frialdad, la ceniza que todo lo envuelve. Se consigue escenificar extraordinariamente el mundo devastado creado por McCarthy, ese paisaje de desolación extrema, con árboles que crujen y se rompen.

Una adaptación lúcida, nada fácil, más que satisfactoria, captando su espíritu y tono, a pesar de haber suavizado la violencia, muchas veces dolorosa, del libro, por lo que no consigue la misma intensidad. Al optar John Hillcoat por la fidelidad absoluta al texto de McCarthy arrastra lo que para mí es el mayor defecto de la novela, esa última escena que rompe con el tono de todo lo anterior, que en la película se traduce en secuencias sobrias rotas por esa última escena llena de optimismo, incoherente con la lógica de la historia. Tampoco me agrada que el director rompa la áspera literatura del autor con concesiones emotivas al gran público, como todo lo filmado con su mujer usando otra fotografía muy distinta.


domingo, 11 de abril de 2010

CORRESPONDENCIAS

¿Qué tienen en común John Rabe y Nanking Nanking?

a) Cuentan el incidente del Puente de Marco Polo en la frontera del estado de Manchukuo.
b) Aparece un nazi responsable de una colonia extranjera.
c) Han tenido problemas con la censura china.

viernes, 26 de marzo de 2010

MOGARI NO MORI




Kawase, como ya demostró en Sharasojyu y Tarachime, hace películas íntimas, personales, con un argumento mínimo, con personajes escondidos en su dolor y heridos por el tiempo. En este caso nos encontramos con una historia de dos crecimientos, el de un anciano viudo con demencia senil y el de una joven madre que ha perdido a su hijo. Los dos han sufrido la pérdida de sus seres más queridos, pero la película no nos da ninguna pista sobre estas relaciones anteriores, no es el tipo de film que necesita explicar por qué los personajes se encuentran en la situación actual. La atención se debe prestar a cada matiz del ahora, a cada detalle del hoy.


Para el escritor argentino Alan Pauls, una de las mejores experiencias que un ser humano puede tener es dormirse viendo una película de Tarkovsky y despertarse frente a una de sus imágenes. Creo que la frase mantiene su vigencia si cambiamos el nombre del director ruso por el de Kawase, y pensamos en las imágenes de los árboles, agitados por el viento, que rodean esa especie de albergue para ancianos, los cultivos de té donde los protagonistas por primera vez mantienen un contacto humano y ese bosque donde el anciano, seguido por su joven cuidadora, por fin encontrará la paz tras su peregrinación en busca de la tumba de su mujer. Esta marcha a través del bosque, viaje íntimo y conmovedor, se convierte en la catarsis sensorial y existencial que constituye el núcleo de la película, dividida claramente en dos partes. Una primera, radiografía de la ausencia, en la que conocemos a los dos personajes principales, siendo la joven la que lleva el peso principal, para invertirse esta situación en la segunda parte, ya desarrollada en el bosque, en la que el anciano conseguirá alcanzar su objetivo y la joven verá como sus emociones se desbocan.


Una de las secuencias más hermosas que he visto últimamente en una película es aquella en la que, ya en el bosque y ante un débil fuego, la joven se quita su ropa y abraza al anciano para proporcionarle calor y evitarle una hipotermia, escena que podría parecernos extraña pero que está resuelta con una gran maestría, sensibilidad y poder emocional. No hay nada de sexo en ella, sólo ayuda práctica en momentos de necesidad.


Una película de profunda piedad, desgarrada y emocionante, sobre la ausencia, el dolor de la pérdida, sobre la necesidad de establecer contacto. Una nueva obra maestra de Naomi Kawase.

lunes, 22 de marzo de 2010

FINIS TERRAE


A pocos años de la llegada del cine sonoro, Epstein se lanza a dirigir un film minimalista, casi documental, lo que le da su fuerza, sobre la vida de los recolectores de algas y el mundo hostil en que sobreviven. Realizada un año después de La chute de la maison Usher, obra faro de la vanguardia de los años 20, está cargada del mismo aliento poético y rodada con la misma rigurosidad en sus encuadres.

Si la película basada en el relato de Poe muestra la cara moderna del director, aquí encontramos su cara arcaica: el tiempo suspendido, el espacio que otorga a las rocas una mineralizad original, la relación inevitablemente dolorosa con el mar. Epstein fue a la vez un realizador de vanguardia, un poeta y teórico del cine.

La película forma parte de una trilogía junto a las rodadas posteriormente Mor Vran (1931) y L’Ors der mers (1932) dedicadas a esta zona costera francesa por la que sentía una especial predilección.

Puede ser considerada como una precursora del neorrealismo, por su rechazo, audaz para su época, de toda carga melodramática, su rodaje en decorados naturales y su utilización de actores no profesionales. También nos puede recordar a Flaherty por su tratamiento austero impregnado de un lirismo a veces conmovedor, aunque falto de la importancia etnológica con la que éste cargaba sus films.

Jean Epstein intenta eliminar de la película todo rastro de drama, todos los artificios de la narratividad, buscando únicamente la expresividad de la imagen, considerada como un ente autónomo, confiando en el ritmo puro, en el montaje, en el impacto de los rostros y del paisaje, perfecto para las intenciones artísticas del director francés. La tierra bretona le facilita esta materia prima, la quintaesencia de esta obsesión visual. Algo de esteticismo buscado, pero poesía bruta, anclada en lo real.

jueves, 18 de marzo de 2010

Un education


De Lone Scherfig, cineasta danesa, no esperaba gran cosa tras haber visto las que considero sobrevaloradas Wilburg se quiere suicidar e Italiano para principiantes. Y mis prejuicios se han visto confirmados con esta película ligeramente emparentada con Lolita, aunque mucho más reaccionaria, que evita todo aspecto libidinoso y que acaba siendo excesivamente moralista. Lone Scherfig seguirá sacando provecho del cine comercial medianamente inteligente y convencional, mientras me pregunto que maravilla hubiese hecho Eric Rohmer con este guión.
Facilona y olvidable, poco ambiciosa, tiene un guión superficial y manido, repleto de lugares comunes y de contraposiciones simplistas. El mayor logro de la directora es conseguir transformar a una eficiente, fresca y vitalista Carey Mulligan, todo un descubrimiento, de hija sumisa en un clon de Audrey Hepburn, apoyándose en el uso de diálogos sutiles y aprovechando el hermoso rostro juvenil de la actriz para transmitir esta sutil metamorfosis.