
Hermano (Marcel Rasquin)
Midnight in Paris (Woody Allen)
Kung Fu Panda 2 (Jennifer Yuh)

Un indiscreto que desvaloriza sus miserias, las divulga, las reitera: el impudor –desfile de reticencias- es su regla; se ofrece. Toda forma de talento va acompañada de una cierta desvergüenza. No es distinguido más que el estéril, el que se borra con su secreto, porque desdeña exponerlo: los sentimientos expresados son un sufrimiento para la ironía, una bofetada al humor. La confesión es un atentado contra nosotros mismos, contra los resortes de nuestro ser.
E. M. Cioran
David Perlov nació en 1930 en Río de Janeiro, pero se crió en Belo Horizonte antes de instalarse en Sao Paulo. Con veinte años emigra a París donde descubre el cine y conoce a Henri Langlois, Jean Vigo y Joris Ivens. Tras conocer a su mujer en 1958 se instala con ella en Israel decidido a consagrarse al séptimo arte. Perlov rechaza el que se hace allí y prefiere realizar un cine de tesis. Como sus proyectos no encuentran financiación de las instituciones, compra una cámara ligera y se gira sobre su mundo privado, decidiendo llevar a cabo algo muy personal, el diario filmado durante quince años de su vida cotidiana, sin narración, intriga o artificio.
Difícil es encontrar hoy una obra de esta envergadura, rodada con total libertad y marcada por una fuerte personalidad. Casi siete horas, mostradas en seis capítulos, que describen lo que le ocurre, en su apartamento, en el seno de su familia, a cualquier hora del día o de la noche, haciendo de su intimidad un objeto observable. Perlov filma su cotidianidad, mostrando el encuentro con sus amigos, el crecimiento de sus gemelas, usando un modo de realización inédito. Planos explicativos cuentan el proyecto y su evolución, repeticiones voluntarias, tentativas frustradas, accidentes y azares: vemos la creación de la película, un film haciéndose.
Esta es la innovación plástica, formal asociada a la innovación narrativa, una cámara-ojo que sigue los meandros de la vida diaria de Perlov, cámara que se convierte en prótesis del cineasta, prolongando y redoblando su presencia. Una mirada activa e inquietante anclada en una torre de Tel Aviv, donde vive Perlov y en la que se instala como guardián del faro, vigía de una ciudad, un país. A pesar de viajar mucho, siempre vuelve a ella, desde donde, con grandes planos panorámicos, deja errar su mirada sin buscar nada. A los que vienen a responder largos planos tomados al azar en la calle, de pie o dentro de un coche; imágenes de un país en construcción, parte fundamental del proyecto de Perlov.
- Lung Boonmee raluek chat (Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, Apichatpong Weerasethakul, 2010)
- Frankenstein ( El Doctor Frankenstein James Whale, 1931)
- Carlos (Olivier Assayas, 2010)
- Lola (Brillante Mendoza, 2009)
- Inside Job (Charles Ferguson, 2010)
- Incendies (Denis Villeneuve, 2010)
- La danse (La danza, Frederick Wiseman, 2009)
- In the Electric Mist (En el centro de la tormenta, 2009)
- True Grit (Valor de ley, Joel Coen, Ethan Coen, 2010)
“A punto de comenzar la descripción de los recientes y muy singulares acontecimientos que se han producido en nuestra ciudad –hasta ahora por ningún concepto notable-, creo necesario, por falta de pericia, arrancar de una época algo anterior con algunos detalles biográficos acerca del muy estimado e ingenioso Stepan Trofimovich Verhovenski. Considérense estos pormenores a modo de introducción a la crónica que aquí se ofrece y quédese para más adelante la historia que me propongo referir.”
Inicio de “Los demonios”
F.M. Dostoyevski
La polifonía de la obra de Dostoevsky se ha llevado al cine en múltiples ocasiones por renombradas figuras: Hakuchi (Akira Kurosawa, 1951), Partner (Bernardo Bertolucci, 1968), Une femme douce (Robert Bresson, 1969), Les Possйdйs (Andrzej Wajda, 1988), and Nastassja (Andrzej Wajda, 1994). En Polonia eran habituales, en fechas anteriores a 1988, las adaptaciones literarias. El mismo Wajda había realizado la adaptación de Anton Chejov The Wicked Boy (1950), la de Stefan Żeromsky en Popioly (1965), la de Stanislaw Wyspiański en Wesele (1972), la de Joseph Conrad en Smuga cienia (1976), la de Stanisława Przybyszewska en Danton (1982), además de varias adaptaciones para teatro y televisión de obras de Dostoievsky como Cudza zona, maz pod lozkiem in 1962, The Devils en 1971, Nastasja Filipowna en 1977, y Zbrodnia i kara en 1984.
Wajda reduce considerablemente los personajes de la novela. Elimina algunos que son importantes, como Varvara Stavrogina (la viuda terrateniente), Andrei von Lembke (gobernador), Iulia (su mujer), Karmazinov (escritor, caricatura de Ivan Turgenev) y Sofia Ulitina, todos ellos influidos por la filosofía que dominaba la Europa occidental, caricaturizados por Dostoievsky como una vanidosa élite intelectual en contraste con la sociedad secreta de nihilistas y eslavófilos. De todos ellos sólo queda el personaje de Stepan Trofimovich, en el que Wajda concentra la ideología de éstos, presentándola como impopular y desfasada, y sobre el que gira toda la primera parte de la novela y en la que es descrito de forma más cómica y anacrónica. En cambio, Wajda se centra en el personaje de Shatov, eliminando también la figura del narrador en la novela, prefiriendo utilizar una serie de intertítulos al comienzo de la película.
Wajda enfatiza las tensiones verbales, propias de la obra de Dostoievsky, en las confrontaciones de sus personajes usando el plano-contraplano al ritmo del diálogo, apoyándose en primeros planos para prestar especial atención a la expresividad facial. Esta tensión se ve incrementada por el uso de las luces y el color. En las localizaciones propias del “orden establecido” domina el azul, mientras que en las propias de la sociedad secreta, muchas veces iluminadas por el fuego, dominan el naranja y el rojo.

Afirma Carlos Losilla, en el número 37 de Cahiers du Cinema - España que La vida sublime es “una película locuaz y expansiva en la que quiere reescribir una cierta historia de España”, cuando a mí lo que me ha parecido ha sido una película pedante y ególatra. Historia de España escrita por unos personajes antipáticos y, en el caso más concreto del de Sevilla, representando lo que menos me gusta de ella, después, claro está, de Javier Arenas. Ese sevillanito machista que se cree de izquierdas, cofrade, al que se le pone los vellos de punta con María Santísima, rociero de medalla en pecho, trianero y seguro que bético, capaz de afirmar que el Guadalquivir es el Ganges del mundo. Si algo tiene de mérito la parte rodada en Sevilla es ser capaz de bañarse en el río con esa cara de (auto)satisfacción y de estar encantados de conocerse a sí mismos. Por supuesto existe otra Sevilla que no tiene nada que ver con lo que se ve en pantalla y que no le ha interesado al director.
Sí me ha gustado como cambia de escenario sin planos de transición, el dinamismo que consigue para mostrar ese viaje desde Castilla hasta Bolonia. Siempre es mejor la película cuando no hay personajes, cuando filma espacios, paisajes y colores. Debería seguir los pasos de Lisandro Alonso como hizo con El brau Blau, y no construir una película a base de diálogos y de improvisación.
Es una lástima que esa magnifica escena, por verdadera y auténtica, en la que el protagonista charla con su abuela en la mesa camilla, y esa última imagen de ella que cierra la película, estén interrumpidas por tanta secuencia falsa y reivindicadora de una españolidad y de una tradición cultural a desterrar, llenas de un idealismo de jardín de infancia, sin contenido.
Si alguien me puede explicar que quiere decir Carlos Losilla cuando afirma que “es un trayecto hacia la redención del presente y del cine”…
¡Qué ganas de ver un Rohmer o un Renoir!
- Miel (Bal, Semih Kaplanoglu, 2010)
- Winter’s Bone (Debra Granik, 2010)
- Ander (Roberto Castón, 2009)
- Eureka (Yurîka, Shinji Aoyama, 2000)
- Klass (Ilmar Raag, 2007)
- De dioses y hombres (Des hommes et des dieux, Xavier Beauvois, 2010)
- Wonderful Town (Aditya Assarat, 2007)